Este 10 de mayo, que la copa también cuente algo

En mayo, los viñedos de Baja California florecen. Es un momento breve —las flores de la vid duran apenas unos días— pero es el que determina todo lo que viene después. El viticultor camina entre los surcos, revisa cada planta, ajusta lo que puede y aprende a soltar lo que no. Es un trabajo de atención constante, sin audiencia y sin aplausos. Si eso te suena familiar, probablemente estás pensando en alguien. Este 10 de mayo, el mejor vino rosado para el Día de las Madres no es el más caro — es el que acompaña el momento sin estorbarlo.

Cuando el viñedo y la mesa tienen algo en común

El cuidado que produce algo bueno tarda. No se improvisa. En el Valle de Guadalupe, cuatro generaciones de la familia Cetto han aprendido a leer la tierra: a saber cuándo intervenir y cuándo simplemente dejar que la naturaleza haga su parte. Ese trabajo acumulado —invisible para quien descorcha la botella— es lo que hace que un vino sepa a algo más que uvas fermentadas.

El 10 de mayo es una buena ocasión para recordar que detrás de las cosas que disfrutamos sin pensarlo, casi siempre hay alguien que sí pensó en cada detalle.

Qué vino elegir para la comida del 10 de mayo

La comida del Día de las Madres en México suele ser larga, abundante y variada. Hay múltiples platillos, distintos gustos en la mesa y conversación que se extiende por horas. El vino que mejor funciona en ese contexto no es el más impresionante — es el más versátil.

Un rosado seco resuelve esa ecuación mejor que casi cualquier otra opción, por razones muy concretas:

Va con casi todo.

Desde mariscos o entradas ligeras hasta pollo a la florentina, un salmón a la
plancha, arroz con camarones o puedes tomarlo solo por el gusto de disfrutar
una entretenida sobremesa. Tiene la frescura de un blanco y la presencia de un tinto sin comprometerse del todo con ninguno.

Es accesible para todos en la mesa.

Quien no suele tomar vino lo encuentra amable. Quien sí tiene experiencia lo aprecia por su estructura. Eso importa cuando hay distintas generaciones sentadas juntas.

Ya es un regalo antes de abrirse.

Un rosado elaborado con Cabernet Sauvignon tiende hacia tonos más profundos y elegantes — la copa se ve bonita sobre la mesa, y eso no es un detalle menor cuando se está festejando.

Cómo servirlo para que rinda al máximo

  • Sácalo del refrigerador unos 10 minutos antes de la comida.
    El punto ideal está entre los 8 y 10 grados: frío suficiente para sentirse fresco, pero no tanto como para cerrar sus aromas. Servido demasiado helado, un rosado pierde expresión. Servido tibio, pierde todo.

  • El Rosé Cabernet Sauvignon de L.A. Cetto, elaborado con uvas del Valle de Guadalupe, tiene la estructura para acompañar una comida completa y la frescura para que la tarde se sienta ligera. No es un vino para guardar — es un vino para los momentos que ya son especiales por sí mismos. Como el domingo con mamá.

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Nueve medallas desde Dallas

El mundo del vino tiene sus propios termómetros. Uno de los más respetados en América del Norte es TEXSOM, una competencia internacional que se celebra cada año en Dallas, Texas, donde sommeliers y expertos de la industria evalúan a ciegas miles de vinos de todo el mundo. En su edición 2026, L.A. Cetto regresó con nueve medallas — entre ellas una Platino para el Chenin Blanc Línea Clásica 2024, la distinción más alta del concurso. Es una señal de algo que quienes conocen el Valle de Guadalupe ya saben: los vinos blancos de Baja California están llegando a conversaciones que antes parecían lejanas.

No es un logro aislado. Es una dirección.

L.A. CETTO