Orgánico empieza en el suelo, no en la etiqueta
La diferencia entre un viñedo convencional y uno orgánico no está en la bodega — está en la tierra. La viticultura orgánica parte de una forma distinta de trabajar el viñedo, con prácticas enfocadas en el cuidado del suelo, el equilibrio natural y el cumplimiento de criterios específicos de producción.
El resultado no es un vino genéricamente “más natural” ni necesariamente mejor. Es una manera distinta de cultivar la uva, donde el cuidado del suelo y del viñedo forman parte central de las decisiones que se toman mucho antes de que la fruta llegue a la bodega.
Qué implica la certificación
No cualquier productor que adopte prácticas orgánicas puede poner “orgánico” en su producto. Una certificación implica cumplir con lineamientos específicos, llevar controles y someter el viñedo a revisiones periódicas por organismos certificadores.
En Viña Alegre, las uvas utilizadas para esta nueva línea de L.A. Cetto provienen de viñedos con certificación orgánica. Obtener y mantener esa certificación no es un trámite administrativo: es el resultado de un trabajo constante en el viñedo y de decisiones que se sostienen a lo largo del tiempo.